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Sobre Los Cantos de Hyperion Volumen I: Hyperion

  • Foto del escritor: Bombillasaurio
    Bombillasaurio
  • 10 feb 2020
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 2 ago 2020

Hay obras que simple y sencillamente parecen hechas para uno. Hyperion es una de esas obras raras y significativas para mí. Enfatizo desde ahora mi absoluta recomendación para leer ésta obra. En su momento, fue de las primeras historias de ciencia ficción que pude experimentar a través de la lectura y, desde entonces, ha sido de mis obras favoritas. Por lo tanto estoy seguro habrá otros como que encontrarán en Hyperion una novela hecha para ellos.


Ahora, por qué lo considero una recomendación obligada, hablemos del contexto: En el futuro distante de la raza humana, hemos logrado expandirnos a lo largo de la galaxia creando así la llamada red de mundos, todos conectados a través de los portales teleyectores; una telaraña de portales que permiten el viaje interplanetario al instante. Fuera del protectorado de la hegemonía del hombre se encuentra el planeta Hyperion, destino de siete peregrinos que viajan a aquel mundo para tener audiencia con el Alcaudón; una criatura tan misteriosa como peligrosa, en las Tumbas del Tiempo. Nosotros somos testigos de la que bien podría ser la última peregrinación pues el enjambre éxter, una raza de seres humanos que se separaron de la hegemonía y evolucionaron debido a su constante exposición al espacio y a la gravedad cero, pretenden invadir el espacio de la red, empezando por la colonia en Hyperion. Al inicio del libro, Meina Gladstone, la Funcionaria Ejecutiva Máxima (un puesto equivalente al presidente de un país, pero para toda la red de mundos), da a entender que esta peregrinación será la más importante de todas, pues parece ser que el resultado de la misma estará directamente relacionado con el futuro de la Hegemonía del hombre.

Los personajes que se verán metidos en este embrollo y nuestros peregrinos son: Lenar Hoyt, un padre de la ahora decadente iglesia católica; el coronel Fedmahn Kassad, un exsoldado del grupo militar FUERZA, las fuerzas armadas de la hegemonía del hombre; Martin Silenus, un poeta escatológico, el personaje más longevo en todos los cantos y el único personaje nacido en la vieja tierra; Sol Weintraub, un erudito especializado en los estudios teológicos que viaja a Hyperion con su bebé Rachel; Het Masteen, un templario -en este universo son una especie de sacerdotes ecologistas- y el humano más misterioso dentro del primer volumen de los cantos, éste personaje es también el capitán de la nave arbórea Yggdrasil; Brawne Lamia, una detective privada que se encuentra embarazada después de su encuentro amoroso con un cíbrido -una persona creada por el TecnoNúcleo que contiene los recuerdos y la consciencia de una personalidad del pasado, en éste caso John Keats-; por último tenemos al cónsul, un político nativo del planeta Alianza Maui que ha ayudado a la hegemonía del hombre a expandirse y había servido como la cabeza del gobierno de Hyperion. Todos ellos son personajes interesantes y memorables a su manera. Seguramente más de uno se quedará enganchado con la relación que llevan Silenus y Lamia, habrá otros más interesados en saber todo lo posible sobre el cónsul, los habrá como yo que se quedarán con ganas de más Het Masteen y demás. Todo porque Simmons logra impregnarlos de una personalidad lo suficientemente única como para que no pienses en otros personajes mientras pasas cada página, pues solo te interesan ellos, sus historias y su inminente destino.

Cada parte del libro está estructurada de tal forma que un peregrino se vuelve el foco central por la mayor parte de un capítulo. Es en éstas secciones donde cada peregrino explica su trasfondo, su razón para estar en la peregrinación. Los diferentes relatos son contados utilizando diversas técnicas literarias que van desde la típica tercera persona con un narrador omnisciente hasta técnicas más particulares como el cambio de formato al texto o el uso de acotaciones parecidas al teatro. Es así para poder contar cada historia de forma única y a modo que se adaptan al personaje que las cuenta. Todas tocan temas diferentes y, sorprendentemente, Simmons no queda corto al momento de tratar asuntos tan complejos como la religión, el amor, Dios o la mismísima literatura. En particular le tengo cariño al relato de Lenar Hoyt, el cual empieza relativamente normal y poco a poco se convierte en un asunto lovecraftiano altamente perturbador, asimismo la historia del cónsul es una verdadera belleza en estructura, contenido y significado, y si la historia de Sol Weintraub no te hace sentir, por lo menos, un ápice de tristeza, entonces estás muerto por dentro.

Ya que he cubierto el tema de los peregrinos y de los relatos, creo que es pertinente hablar del elefante en la habitación: El Alcaudón, una criatura totalmente fuera de la comprensión humana y capaz de controlar el tiempo. Por si eso fuera poco, es parte esencial de todos y cada uno de los relatos de los peregrinos. Y, por si eso aún fuese poco, habita en las enigmáticas Tumbas del Tiempo, unas estructuras cuyo propósito es desconocido. Lo poco que se sabe de ellas es que fueron construidas en el futuro distante y están rodeadas de un campo antientrópico, el cual las lleva atrás en el tiempo. Todo lo relacionado con el Alcaudón es una cuestión compleja y confusa durante este libro, lo cual juega a su favor, pues es necesario para convertirlo en el ser místico y casi divino que el libro quiere presentar y lo logra con creces.

Pero qué sería de un libro de ciencia ficción sin un mundo que atrapará al lector. Afortunadamente Hyperion destaca muchísimo en este apartado. Hay que comentar brevemente el destino de la tierra en este universo: Está destruida; después de un evento denominado el error del ‘08. Desde entonces, los humanos nos hemos convertido en una especie que idolatra el pasado y a la propia vieja tierra (tanto es así que buena parte del relato de Martin Silenus va de esto). Nos hemos esparcido por la galaxia, pero no hemos hecho gran cosa. Tenemos al TecnoNúcleo -un conjunto de inteligencias artificiales que se han independizado de la raza humana, pero que han decidido seguir colaborando con ella- de nuestro lado y nos han dado los regalos de la teleyección, permitiendo el viaje interplanetario instantáneo, y la ultralínea, un medio de comunicación también instantáneo y con un alcance como no había visto la humanidad, mientras nuestro último avance sin el núcleo es nada en comparación. Cada uno de estos elementos permiten a Simmons crear un mundo que se siente realmente habitado y práctico. Es muy común que en las historias de ciencia ficción, los autores se inventen cientos de aparatos y términos raros con tal de hacer una construcción de mundo vacía y sin mucho caso. Hyperion evade ese cliché con gracia, pues el único elemento que se acerca una locura poco práctica es la nave templaria Yggdrasil, sin embargo y a pesar de todo hace sentido considerando el misterio que rodea a los Templarios de este universo. Simmons encontró ese punto medio entre la coherencia y la creatividad que le permite crear situaciones únicas mientras mantiene cierto “realismo” y le da un gusto muy agradable a toda la obra.

Desafortunadamente ningún obra en el mundo puede ser perfecta e Hyperion, obviamente, no es una excepción a la regla. Uno de los criticismos más obvios a esta obra es el hecho innegable de que es una obra incompleta; se siente a leguas que es solo la introducción de algo mucho más grande, pero, si soy sincero, no es culpa del autor. Durante el proceso de publicación de la obra, Dan Simmons tenía planeado publicar Hyperion y La Caída de Hyperion como un solo libro, sin embargo la editorial pensó que sería un libro demasiado extenso y no lo compraría ni su madre, así que se vio forzado a partir el libro en dos partes. Seguramente podría escribir un artículo entero argumentando porque Hyperion es una obra perfectamente disfrutable sin necesidad de leer la Caída, pero estaría mintiendo si no admito que todo se siente más satisfactorio una vez has leído las dos novelas, lo cual, seguramente, no le hará gracia a más de uno.

Antes de pasar a las conclusiones, tengo que comentar otro elefante en la habitación: John Keats. Simmons es claramente un fanboy de este señor. El mero concepto de la novela está inspirado en un poema épico (e incompleto) de Keats, el cual, por cierto, se titula Hyperion. Hay un personaje con la personalidad de Keats cuyo rol es muy importante. Y, por si te faltaba un poco de Keats, también hay bastantes partes en donde Martin Silenus suelta fragmentos de poemas de Keats. A mí estas cosas no me molestan, pero sí que puedo ver como habrá gente harta del hombre cuyo nombre fue escrito en el agua.

Para concluir tengo que volver al principio e insistir en mi recomendación de esta obra. Me es difícil imaginar a alguien insatisfecho después de leer Hyperion, aún considerando sus fallos. De verdad considero que es una obra maestra de la literatura, que va más allá de ser un gran libro de ciencia ficción y que se puede recomendar a cualquier persona que disfrute de la lectura.

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